Prepara el camino

prepara el caminoLo primero que se debería tener en cuenta es que se va a iniciar una peregrinación y no una simple marcha senderista. Con mayor o menor fervor religioso, por motivos culturales, históricos, artísticos, deportivos o personales, con espíritu de recogimiento personal o con ganas de compartir un ambiente festivo con amigos o familiares, pero una peregrinación al fin y al cabo. A lo largo de la ruta se encuentran albergues exclusivos para peregrinos y gentes de muy diversa índole que dan su tiempo y su esfuerzo para atender a los caminantes, lo que obliga a recalcar la máxima jacobea: “El peregrino no exige, agradece”. La hospitalidad que se encuentra en esos lugares es en su mayoría – porque cada vez hay más avispados que sólo buscan el negocio -desinteresada y sucesora de una tradición hospitalaria con el viajero que se remonta a varios siglos. No la desperdicie y, sobre todo, no la malogre exigiendo servicios propios de un lugar de pago; para eso están las vacaciones turísticas.

¿Qué ruta elegir?

Existen tantos caminos a Santiago como caminantes, pues en realidad las vías utilizadas por los antiguos peregrinos para alcanzar la capital compostelana hollaron todos los rincones de la Península. Pero una destacó por su importancia histórica y estratégica. Es el llamado Camino Francés, que tras salvar los Pirineos por Roncesvalles, pasaba por Pamplona, Logroño, Burgos y León. El ramal Aragonés, muy frecuentado también en la antigüedad, superaba la cordillera por Somport (Huesca) y se unía al anterior en Puente la Reina (Navarra). La primera decisión, por tanto, es cual elegir. La ruta de Roncesvalles es más bella, clásica y frecuentada; la aragonesa de Somport es algo más larga y mucho más solitaria y agreste, pero precisamente por eso reproduce para muchos el verdadero camino medieval. Para los que optan por el ramal navarro, la segunda decisión es dónde empezar. La mayoría de los peregrinos modernos elige Roncesvalles como punto de partida por comodidad, ya que hay autobuses diarios y directos desde Pamplona. Sin embargo es aconsejable, si se puede estirar el viaje un día más, bajar hasta Saint-Jean-Pied-de-Port e incluir en el zurrón la maravillosa experiencia de atravesar los Pirineos.

¿Cuándo hacerlo?

Las tres cuartas partes de los peregrinos españoles hacen el Camino durante los meses de julio y agosto por una razón obvia: es cuando tienen vacaciones. Sin embargo, ésa es, con mucho, la época más desaconsejable para hacerlo. Por un lado están los factores puramente climatológicos: mucho sol y mucho calor, sobre todo en las interminables llanuras castellano leonesas. Pero hay que añadir también un factor psicológico nada desdeñable: en esas épocas de mucha afluencia los albergues de peregrinos están llenos, lo que crea una psicosis colectiva por conseguir una cama que desemboca en situaciones absurdas, como levantarse a las cuatro de la madrugada para llegar antes que nadie al siguiente albergue; parar a las nueve de la mañana para ponerse ya a la puerta del refugio de turno a hacer cola o correr tanto por adelantar a otros grupos que no se apreceia ni disfruta el recorrido. Esta situación se agrava en años jacobeos. Si no queda más remedio que hacerlo en esa época, no hay problema, basta con mentalizarse de que no pasa nada por no encontrar un día albergue y tener que dormir en el suelo de un polideportivo.

Todo menos que perder ese espíritu de paz y conexión con la naturaleza que debe presidir la caminata. La mejor época, sin duda es mayo y junio, seguida de septiembre y principios de octubre. Las temperaturas son suaves; los riesgos meteorológicos, previsibles, y los refugios tienen una ocupación moderada. Quienes busquen el verdadero espíritu medieval del peregrino solitario deben optar por el invierno.

Puesta a punto

Afrontar 800 kilómetros a pie si nunca se han caminado largas distancias es una temeridad. Conviene en ese caso entrenar durante los meses previos, dando largos paseos (de varios kilómetros) con las mismas botas y mochila que se vayan a emplear para el viaje.

Prepara el Camino, Nuestros consejos:

* Entrenar varios días y durante varios kilómetros con las mismas botas y mochila que vayaos a llevar.

* Calcular el punto de partida en función de los días disponibles a una media de 20 o 25 kilómetros diarios.

* Es preferible empezar más adelante el Camino que salvar tramos intermedios en coche.

* Elegir la época correcta. En verano los albergues están masificados. En invierno las condiciones climáticas son muy rigorosas (y muchos albergues permanecen cerrados). Mayo y junio son los mejores meses.

* Solicitar la credencial en el punto de partida; sin ella no se puede dormir en los refugios.

* Incluir una carta de presentación de una parroquia o una asociación de amigos del Camino, por si no quedan credenciales.

* Planificar las dos primeras etapas más cortas que las siguientes; es en los atracones iniciales donde más peregrinos se retiran con tendinitis o ampollas.