De Quentar a Granada por el Camino Mozárabe, naturaleza, soledad y compañía

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Un día llegué a Oseira, uno de sus frailes en una charla profunda me dijo: «si te sientes feliz caminando, habrás conseguido armonizar naturaleza, espiritualidad, compañía y soledad, busca, vive y siente algo que veas, aunque sea inmaterial y cuando llegues al final no hará falta que encuentres nada porque ya lo llevarás contigo». Me llenó tanto aquella afirmación que le pedí permiso para copiarla y el me contestó: ¿para que escribirla en una libreta?, ¡»anótala en tu corazón»!. Ha habido momentos que haciendo rutas, en esos momentos de recuerdo y soledad que hablas contigo mismo, he pensado en el fraile y en esa larga conversación que mantuvimos.

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Casualidad, coincidencia, o simplemente azar, llevaba tiempo con ganas de llegar a Granada andando por el Camino Mozárabe, gracias a los compañeros de Almeria y Guadix, he encontrado la ocasión de hacer esta etapa y las expectativas que llevaba han sido superadas con creces.

Como en cualquier punto de Andalucía, en verano no es tiempo de andorretear terruños, por aquello del calor, la salida de Quéntar hay que hacerla temprana, ademas porque no puede ser mas agradable, un senderillo junto al río Aguas Blancas, te empieza a meterte en si mismo, el murmullo del agua, los gorgojos de los pájaros, la belleza del paisaje y casi sin darte cuenta ya estás en Dúdar.

Es a partir de aquí donde la ruta aprieta un poco, donde pone a prueba tu condición física, pero todo se anda con tiempo, ritmo, paciencia y observando la multitud de imágenes que te hacen mitigar el cansancio en la subida con unas vistas que parecen auténticas postales de antaño. En poco menos de tres kilómetros hemos ascendido mas de doscientos metros.

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La aventura continua casi a mil metros de altitud, buen y ancho camino con numerosas matas de tomillo, de romero, que nada mas rozarlas te aromatizan tus pasos, poco a poco el sendero te introduce en  un camino agradable, con sombras, en zigzagueo ves numerosas encinas, alguna que otra casería, una ermita humilde me hace parar y dejar la mochila unos minutos en el suelo, ¡una ermita!, me digo, aquí en mitad del camino, pequeña, sencilla y recatada, dedicado al Cristo del Almeciz.

Sigo mi camino, el camino es presente continuo y conforme avanzo encuentro en mi todo lo que aquel fraile me indicó, es inmenso el espectáculo visual que tengo al frente, con un compañero-peregrino de Granada charlamos amenamente y aprendemos de cosas, y en ese momento de soledad que tienes, sabes llenarte para ser fuerte y afrontar lo que buenamente venga. Voy haciendo camino y en mi silencio siento a veces el eco de mis pasos.

Descendemos y nos encontramos con una antigua construcción abandonada, me cuenta mi acompañante que fué Convento o Monasterio Jesuita, de ahi su nombre «Jesús del Valle», es aqui el momento justo para apoyar el trasero junto a un gran árbol, mondar una naranja una naranja y comérsela con un buen trago de agua.

Aprieta el calor, queda poco aparentemente, de nuevo un senderillo, de nuevo un arroyo con un buen caudal de agua, de nuevo murmullo de saltos cercanos de agua tapados por ramas, parece que estás en un bosque animado, aguas bravas, cristalinas que riegan pequeños huertos, el río alegre y divertido nos acompaña y va anunciado que Granada no queda lejos.

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Entramos a un grupo de viviendas y veo un letrero «Camino de Beas», asi se llama la calle, calle ya de Granada, empezamos el Sacromonte, al fondo como jugando al escondite la Abadia, inmensa, en un lugar privilegiado y poco a poco al otro lado, la silueta del Generalife, algo mas allá Santa María de la Alhambra y poco mas adelante la Alhambra propiamente dicha. Con un pie delante de otro y con un ritmo que me lleva lento, observo y quedo satisfecho, estoy en Granada, Granada Mágica y Fascinante, dejo el Sacromonte y en el paseo de los Tristes, a las faldas de la Alhambra vuelvo a recordar al Fraile de Oseira, he vivido, he sentido y ha aparecido la Magia del Camino y llegué a un lugar Mágico sin saber de tiempo real, ni de minutos, ni de horas, habiendo encontrado de nuevo amistad, aventura, sueño y la «magia del Camino».

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Buen Camino.

Jacinto Fuentes Mesa
Abuelo y Peregrino