El legado de Ginés Martínez en la ciudad de Santiago

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Pocos jiennenses saben que la impresionante y majestuosa escalinata de acceso a la Catedral de Santiago de Compostela es obra del arquitecto baezano, Ginés Martínez de Aranda.

Pero ahí no queda la cosa, ya que Martínez de Aranda se ocupó de cerrar el coro catedralicio con una obra en piedra, mientras que los escultores residentes en Galicia, Gregorio Español y Juan Dávila trabajaban en madera las obras del coro.

Pero aún hay más, ya que este arquitecto baezano es el autor de la cúpula de la Iglesia de San Martín Pinario, trazó el Colegio de San Clemente y además diseñó el claustro del Convento de San Francisco, todas estas obras en Santiago de Compostela.

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Sin duda, un motivo de orgullo que este jiennense dejó su legado en Santiago de Compostela.

¿Pero quién fue Ginés Martínez de Aranda y como llegó a Santiago? Aquí tenéis la respuesta.

Nació en Baeza en el seno de una familia de arquitectos, fundada por Ginés Martínez ´El Viejo´ fue el principal miembro de una dinastía activa en Jaén y Granada durante el siglo XVII. Su carrera comenzó muy temprano. En 1564, siendo Maestro de Aguas y Fontanero de Baeza, labró la fuente de Santa María, que Federico García Lorca definiría como una «fuente de severidad pagana, que parece el cuerpo final de un arco de triunfo al que la tierra se hubiera tragado».

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En 1585 Aranda abandona Baeza para instalarse en Castillo de Locubín, en donde se casa y nacen sus hijos, dos de los cuales serán arquitectos. Allí construyó la iglesia de San Pedro. En 1590, fue nombrado Maestro Mayor de la ciudad de Alcalá la Real, donde fue protegido por Maximiliano de Austria, y en la que llevó trabajos en la fortaleza de la ciudadela de La Mota. Cuando Maximiliano fue nombrado obispo de Cádiz, Aranda lo siguió, ocupando el puesto de maestro de obras del cabildo gaditano. Tras el saqueo del Conde de Essex, en 1596, Ginés Martínez construirá la iglesia de Santa Cruz o Catedral Vieja, cuyas trazas algunos atribuyen a Cristóbal de Rojas, que entonces se ocupaba de las fortificaciones de la ciudad. Por los mismos años, nuestro autor trabajó en la Cartuja de la Defensión en Jerez de la Frontera.

La etapa más fecunda de Aranda fue la gallega. Nombrado en 1603 Maximiliano de Austria arzobispo de Santiago, el arquitecto acompaña de nuevo a su protector. Por desgracia, éste falleció muy pronto, en 1606, y Ginés regresó a Andalucía, en donde pasó el resto de sus días hasta su muerte en 1622.

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En Santiago de Compostela, además de viajar a la costa para dictaminar sobre las fortalezas de la mitra, se ocupó de las obras de la Catedral, de la iglesia del monasterio benedictino de San Martín Pinario, de las obras del claustro del convento de San Francisco, y diseñó el colegio de San Clemente.

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Pero en donde Ginés Martínez de Aranda dejó su mejor obra en Santiago fue en las monumentales escaleras de la fachada del Obradoiro, en la que también hizo «el famoso estribo» de la torre de las campanas.

En 1607 retornó a Andalucía. El período de tiempo que media desde esta fecha hasta la de su muerte es el más oscuro de su biografía. Vecino de Castillo de Locubín, se procuró un Oficio de Escribanía. No obstante, muerto su mecenas, su biografía se oscurece y cierra sin mayor pena ni gloria.