Historias de un peregrino: De Jaén a Martos

InaguraciÓn De Las SeÑales Camino Mozarabe De JaÉn 033

Arranco de buena mañana, mis pasos avanzan para iniciar mi peculiar camino hacia Santiago de Compostela, tras observar la majestuosidad de mi Catedral y solicitar benevolencia al Santo Rostro del balcón principal, me giro y la voy dejando a mis espaldas. La primera flecha amarilla me indica el camino, la Plaza está en silencio, silencio y camino es mi compañia, intentando recordar si lo llevo todo, ¡que pregunta!, ¿lo llevo todo?, ¡ claro que lo llevo !! me respondo, voy yo introduciendome en una aventura misteriosa, buscando no ser dueño de nada, como cualquier buen peregrino en camino. Progresan mis pasos poco a poco, el golpe de mi gancha en el suelo rompe el silencio y hace eco en el interior del Arco San Lorenzo, dejo atrás la Plaza de Santiago y su vergonzoso solar, alzo la vista y observo la Cruz en el cerro, llego a San Juan, dejo en un tris el Palacio de Villardompardo, encarrilo la entrada en el barrio mas jaenero, saludo al lagarto de la Malena,  y sin prisa pero sin pausa voy abandonando La Magdalena, por la Puerta de Martos comienzo a abandonar la antigua ciudad, en breve estaré fuera de la antigua Aurgi, o la musulmana Yayyan, pegado a la carretera dejo mi Jaén.

IMG_0147

Ya hay luz de dia, en el Pago de la Imora, donde un dia firmaron pacto de no agresión las huestes Calatravas y el Condestable Iranzo, giro a la izquierda y empiezo a recorrer el antiguo camino a Torredelcampo, primero a derecha e izquierda casas de campo vigilantes con sus perros rompiendo el silencio y diciendote que alli mandan ellos, y a poco la mejor compañia en muchos kilómetros, a diestra y siniestra el árbol de la paz, «el olivo», es aqui y ahora cuando intento avanzar a buen paso, ya si es verdad que estoy envuelto en el mayor bosque de olivos del mundo, subo loma, bajo buscando arroyuelo, ahora seco, llaneo por un camino sombrio y fresco y vuelta a subir en un vericueto sendero que en un momento roza la autovia, sé que ya estoy en término de Torredelcampo, cruzo la carretera del Megatin y siguiendo el sentido de las flechas amarillas instaladas en el cruce, voy al frente, bajando poco a poco y viendo las primeras casas de campo de los torrecampeños, aqui me vuelvo a sorprender, viñas aqui y allá, almendros a ambos lados del camino, parcelas repletas de árboles frutales, con la mente entretenida empiezo a ascender una subida corta y algo fatigosa. Y allí arriba, cuando se acaba la cuesta aparece Torredelcampo, la vista es hermosa, pueblo, montaña, caminos.

A la entrada de la localidad observo un letrero que me habla del camino, ya dentro por sus calles observo azulejos con flechas amarillas que me indican por donde ir, varios giros por sus acerados y me encuentro en la Plaza de la Iglesia y por supuesto del Ayuntamiento, me tomo un respiro, sello mi credencial en la Iglesia y en el despacho de la Policia Local y avanzo de nuevo.

Veo que voy por buen camino, vuelvo a salir por la Puerta de Martos, tras doblar varias esquinas, me refresco en un gran pilon donde salpica el agua de varios caños, despacio, pisada a pisada abandono la patria de Juanito Valderrama, a las afueras del pueblo giro a la izquierda y empiezo a subir hacia la ermita de Santa Ana, «la Abuela» la llaman cariñosamente los torrecampeños, se hace la cuesta pesada y agotadora y por fin estoy en la ermita donde me detengo, presento mis respetos a la Santa Abuela y prosigo mi camino, nada mas salir la explanada del Cerro Miguelico, decenas de mesas y bancos donde elegir y descansar un buen rato, y entre pecho y espalda comer un chusco de pan con aceite y queso y de vez en cuando un buen apretón a la bota de vino.

IMG_4505

Sin prisa me alejo del enorme paredón del Oppidum íbero con direccion a Jamilena, en el cruce hay un hito de granito que me anuncia el giro a la izquierda, con cuidado por una carreterrilla encuentro a pocos minutos un pequeño cruce con un camino a la izquierda, justo donde hay una pequeña caseta que me anuncia que ando muy cerca de Jamilena, el carril me lleva a la localidad y tras un pequeño callejeo aparezco en el Ayuntamiento. Sello en credencial y vuelta al camino, todo linea recta hasta salir del pueblo, en el poligono industrial giro a la izquierda y al fondo del mismo de nuevo giro a la izquierda, bien marcado el camino me introduce de nuevo en la antigua calzada romana buscando la antigua Tucci romana, la actual Martos, hace un rato ya he oteado en el horizonte la Peña, a partir de ahora será el Santo y Seña de la vista, subo y bajo, bajo y subo, hay arroyuelos, ahora secos, en época de lluvia bastantes caudalosos, es aqui en este tramo donde hay que pararse y ver el trazado del antiguo camino romano, justo en los arroyuelos, si te asomas, todavia se ven piedras y sillares de alguna que otra puentezuela del camino. Envuelto en el precioso olivar, al frente siempre la Peña de Martos, vigilante del camino, a la izquierda los montes que rodean a Jabalcuz, el camino pasa unas pequeñas casas que nos obligarán a coger una carretera que en poco mas de un kilómetro nos llevará a Martos.

DSCN7655

Entramos a Martos, ¡que casualidad!, por la Puerta de Jaén, la Peña a nuestra siniestra ahora y encajonada, alli al fondo la Iglesia de San Amador, Patrón de la ciudad, mártir Mozárabe y primer Santo de la Diócesis de Tucci y de Jaén. Antes de entrar a ver el Patrón y sellar, en la ermita de Santa Lucia, un buen refrescón y tras presentarle mis respetos a San Amador empiezo a subir una pendiente que me dejará en la Plaza del Ayuntamiento. Continuo el camino, ahora cuesta abajo, y justo detrás del Consistorio me encuentro con el Albergue de Peregrinos en el Convento de las Madres Trinitarias.

Es tiempo de aseo, comida, descanso y meditación, hoy el camino me ha aportado silencio suficiente para tener buenos pensamientos.

¡¡BUEN CAMINO!!

Jacinto Fuentes Mesa
Abuelo y peregrino.