Desde el año 2002, Jacinto ha hecho del Camino de Santiago una parte fundamental de su vida. Fue en ese año cuando, tras ver un programa de televisión, se propuso como reto recorrer el Camino desde Francia. Inicialmente, entrenó sobre una cinta andadora, pero pronto llevó su experiencia a la realidad, sumando a unos amigos y emprendiendo su primera peregrinación desde O Cebreiro. Aquella experiencia marcó un antes y un después en su vida, transformando su forma de vivir y su manera de ver el mundo.
En 2003, fundó la Asociación Jacobea de Jaén junto con otros peregrinos, una entidad comprometida con la promoción y el apoyo a los peregrinos en su travesía. Desde 2017, ostenta la presidencia de la Federación Andaluza de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago y es miembro del Consejo de Redacción de la revista Peregrino.
Junto con compañeros de la asociación buscaron viejos caminos, calzadas, vías pecuarias, en 2007 unieron la ciudad de Jaén al Camino Mozarabe de Santiago que ya estaba marcado desde Granada hasta Córdoba por una asociación granadina.
Hoy, tras 48 peregrinaciones a Santiago de Compostela, Jacinto sigue emocionándose al llegar a la Plaza del Obradoiro. «Cada vez que llego a Santiago, exclamo con emoción: ‘Santi, ya estoy aquí’, como lo hacía con Nati, una peregrina que ya no está con nosotros», confiesa.
Para él, el Camino de Santiago no es solo un viaje físico, sino una enseñanza constante sobre la ayuda mutua, el autoconocimiento y la superación personal. «El Camino es aprender a salir de lo cotidiano, a buscar aquello que nos perturba para no atormentarnos. Alguna vez me han llamado ‘el loco del Camino’, y yo respondo: ‘bendita la locura del Camino'».
A lo largo de los años, ha experimentado el Camino en diferentes estaciones y circunstancias, y siempre encuentra en él una nueva perspectiva. «Por mucho que repita el Camino, lo veo de forma distinta, la actitud personal del momento, la estación del año, las personas con las que compartes la experiencia…, todo ello hace que cada peregrinación sea única».
Como abuelo y peregrino, tal como él mismo se define, su legado es un testimonio de pasión y entrega hacia la ruta jacobea. «Cuanto mayor es el obstáculo, más te ayudas y sobrepones para superarlo», asegura. Y es que, para Jacinto, el Camino de Santiago nunca termina en la tumba del Apóstol, sino que es siempre un nuevo comienzo.














