Ruta por Otiñar…

y con ella cerramos una temporada más de caminos compartidos.

La mañana comenzó con una temperatura agradable, fresca al inicio, de esas que invitan a caminar despacio mientras el día despierta entre montañas y olivares.

Nuestra primera parada fue el Abrigo del Toril, refugio natural y silencioso testigo del paso de antiguas civilizaciones. Entre sus petroglifos sobresalen una misteriosa Venus y un antiguo calendario solar, símbolos grabados en la piedra que parecen querer conversar todavía con quienes se detienen a contemplarlos.

Continuamos avanzando hasta alcanzar el Castillo de Otiñar. El acceso, por una vereda poco marcada y algo exigente, puso a prueba nuestras fuerzas y nuestras ganas de llegar. Y mereció la pena. Desde allí, entre ruinas cargadas de historia, imaginamos su antiguo papel vigilando el camino hacia Granada por la cañada de las Hazadillas.

El silencio fue durante gran parte del recorrido nuestro mejor compañero. El verdor del campo, el canto de los pájaros y la calma de la naturaleza marcaron el ritmo de una jornada que nos recordó, una vez más, que caminar también es detenerse a sentir.

Y como todo buen camino merece su recompensa, terminamos la ruta compartiendo mesa y conversación en el Restaurante El Portazgo, reponiendo fuerzas y celebrando juntos el final de esta temporada.

Gracias a todos los que habéis formado parte de cada paso, de cada esfuerzo y de cada momento vivido. El camino se detiene solo un instante… porque siempre habrá una nueva senda esperándonos.

Asociación Jaén Jacobea
El autor
Asociación Jaén Jacobea